Hay quien cuestiona la utilidad de investigar o experimentar en enclaves en abandono, argumentan un cierto frikismo, ganas de morbo o simple manipulación de la realidad mediante sugestión, sin embargo entramos dentro de ese colectivo que podemos denominar negadores totalitarios, quienes no están dispuestos a escuchar argumentación alguna. Hace algunos años en el Simposio anual que promueve la sociedad SIPE fui invitado a exponer el tema de los registros psicofónicos en lugares abandonados, el porqué, en dicha conferencia argumenté la posibilidad de estudiar el cómo estos lugares pueden influenciar a un determinado sujeto y este o estos, en el caso de que sean varios, pueden hacer de interruptor, de potenciador o de antena atrayente  o desencadenante de algún tipo de fenomenología paranormal, el estado alterado o semi alterado de conciencia es cada vez más estudiado como la posible detonación de lo insólito, incluso interfiriendo en el plano material, nuestra realidad en la que convivimos el día a día.

"Sanatorio Infantil"

No pretendo crear cátedra ni puedo dar por sentado de forma firme nada, por descontado los detractores tampoco, pero cada vez más personas, más investigadores de lo inexplicado e incluso personas vinculadas a la ciencia exponen la posibilidad de que los sucesos impregnen los lugares, la ciencia convencional y tradicional suele negar todo  cuanto ella misma no pueda probar o incomode, de ser cierta la teoría de las impregnaciones, cosa muy posible, sería lógico que los sucesos vividos con una especial emotividad, sean trágicos o no , impregne de alguna manera los lugares y bajo el estado modificado de conciencia, determinadas personas pueden acceder a estos registros energéticos, decodificándolos en forma de psicofonías o de cualquier otro tipo de manifestación paranormal, es cierto que muchas de estas inclusiones posiblemente paranormales muestran algún vestigio, en mi opinión, bastantes, de ser una forma de fenómeno inteligente, como mínimo muestra una cierta inteligencia, lo cual desconcierta a muchos e incomoda a otros tantos. De esta manera si existen lugares idóneos para que se den estos fenómenos de impregnación, estos son sin duda los hospitales, muros entre los cuales se han vivido y secuenciado vivencias especialmente emotivas. Otro tema que incomoda es la posibilidad de que nuestra “esencia” perdure al tránsito del rio de la muerte, quizá nuestro yo no se desvanezca con el fallecimiento y de alguna manera y por un espacio de tiempo difícil de cuantificar esta esencia, esta mente queda en el lugar en que tuvo su final el cuerpo físico y esa inteligencia mental trate de comunicarse con la realidad material de la cual ya no forma parte.

"El tratamiento de antaño contra la tuberculosis, el aire lo más puro posible"

"Un lugar inquietante"

Para aquellos que piensan que el fenómeno proviene exclusivamente de lamente, determinados enclaves pueden actuar a forma de alta sugestión, de carga emotiva que puede alterar el estado normal de conciencia, volviendo al tema de los hospitales, en estos enclaves es común, seguramente más de lo que imaginamos que se den sucesos sin explicación, hace algunos años entrevisté a un enfermero de Costa Rica, el cual valientemente nos hablaba de esos sucesos en el momento del tránsito de la vida a la muerte, de cuando el cuerpo fallece y de otros tantos casos extraños que le han llevado al convencimiento de la existencia de la vida más allá de esta, pero con independencia de si son fenómenos anclados en algún lugar del espacio tiempo, de si son los espíritus de los fallecidos, de las almas en tránsito o de cualquier otra procedencia, lo cierto es que los casos son reales y para investigar acerca de ellos, o para experimentar, este verano de 2017 nos acercamos hasta Portugal, hasta una montaña en donde coexisten varios hospitales y sanatorios abandonados, nuestro fin fue más que nada una visita al lugar, con mente abierta y con serenidad para poder “sentir” el lugar”, nos decidimos por acudir y visitar el Sanatorio Infantil, ciertamente tuvimos contra tiempos a la hora de localizar el enclave, puesto que en el mundo del misterio, la mayoría de quienes han visitado un lugar que no es de los clásicos y que pocos conocen, se guardan para sí “el cómo llegar” pero en ocasiones unas palabras amables tienen un gran poder y de esta manera las usamos para preguntar en una gasolinera y su dependiente de forma amable, cosa que agradezco enormemente, nos dio indicaciones precisas.

Nos encontramos en un sanatorio de los clásicos anti tuberculosis donde mayormente acogieron a niños, construido a finales de la década de los 30, en 1948 cambia de nombre y pasa a llamarse Sanatorio A T, actualmente pertenece al estado y no se conoce ninguna iniciativa ni proyecto de restauración, como cualquier enclave que cae en abandono, este no se ha librado del vandalismo, cristales rotos, techo y suelo en muy malas condiciones y apenas alguna mesa y silla como mobiliario. Las apreciaciones que siguen, soy totalmente consciente que no son evidencias probadas, pero las sensaciones personales pueden ser de ayuda a otras personas con una especial sensibilidad o sensitividad.
Nada más subir por los escalones de una de las puertas principales nos da la bienvenida un enclave mal trecho que agoniza, hay que tener cuidado donde se pisa puesto que en cualquier momento el suelo puede hundirse, al igual que ha sucedido parcialmente con el tejado, cada estancia alberga sus peculiares vivencias, esa emotividad que de seguro ha quedado atrapada en sus vetustos muros medio derruidos, accedemos a uno de los lugares que más me impresionan de este tipo de sanatorios anti tuberculosis y enfermedades del pulmón, la sala, el pasillo en donde se enfilaban las camas de los pacientes y que da al exterior, hay que recordar que nos encontramos casi en la cima de un monte, a gran altura y es que por aquel entonces el tratamiento contra estas enfermedades consistía mayormente en tratar de que los enfermos respirasen el aire lo más puro posible, de ahí que todos los enclaves similares se encuentran en montañas, pero sobre todo apartados y rodeados de vegetación y árboles, lugares en donde el aire se purifica en gran medida, puedo imaginarme una cama tras otra, en esta hoy mal trecha galería, donde a la fuerza se vivió gran sufrimiento, un lugar idóneo para la captación de psicofonías, para intentar recoger esos ecos de un pasado que a forma de bucle se repite una y otra vez, o quizá esa inteligencia que de alguna manera aún mora en el edificio, entre sus plantas y sus estancias, como si a forma de hogar se tratase, quizá lo que llamamos alma que desea la conexión, el contacto con las personas que visitan el lugar, cualquier apreciación de este tipo es subjetiva, cierto, pero no por ello, es negable, puesto que nadie es quien para valorar o negar las experiencias propias.

Poco más he encontrado sobre posibles fenómenos paranormales en este hospital, las apreciaciones de otros experimentadores o exploradores urbanos no han sido de mucha ayuda y mi intención en esta ocasión no se trataba de buscar a quienes un día recibieron asistencia médica, si no mostrar de forma visual este tipo de enclaves y el por qué merece la pena que les dediquemos parte de nuestro tiempo, invito a que estos lugares sean sentidos, a que uno experimente por sí mismo que sensaciones les produce, desde luego no es lo mismo ver un lugar de este tipo en fotografía que adentrarse en él, pero las fotografías sí son válidas como forma de  aproximación.

"Tan solo las ímagenes ya nos transmiten"

Una cosa si me desconcierta, al menos en parte, y es que a pesar de que los sanatorios albergaron enfermos con dolencias análogas, existen grandes diferencias a modo de sensaciones, es decir, no es lo mismo visitar el Sanatorio de Agramonte, un clásico dentro de los enclaves del misterio en nuestro país, en donde muchos son quienes han percibido malas sensaciones, donde el lugar parece emanar un halo negativo y en donde las pulgas se han multiplicado como quizá un augurio no bueno, que visitar el Preventorio de Aigues, en donde a pesar de que su estado es altamente ruinoso aún alberga en su interior sensaciones encontradas, otros son más positivos, quizá porque no todas las vivencias de quienes sufrieron allí se registraron con la misma intensidad, quizá hay muchas más personas sensitivas de las que imaginamos, unas personas que a la vez de sentir o presentir en mayor medida, de igual manera impregnan los lugares en mayor medida.
Sanatorios, unos enclaves que invitan a sentir.

 

Fran Recio (11-9-2017)